jueves, 1 de mayo de 2008

SNTE, violencia charra y 1 de mayo en Pachuca






Pachuca.- La conmemoración en Hidalgo por el Día del Trabajo evidenció el grado de polarización de la clase trabajadora en la entidad: Por una parte, los sindicatos oficialistas (los “charros”) como el SNTE o del SUSTPEHH que contaron con la prebenda de las avenidas principales del centro de la ciudad para su desfile. Al mismo tiempo, las organizaciones de trabajadores democráticos como el SME, la CNTE o la Asociación de Ex Mineros, que se apostaron en la plaza Constitución para exigir se detengan las políticas gubernamentales que van en detrimento de los obreros.


Así, mientras los sindicalistas que han vertido convenios con el gobierno estatal y federal y han logrado beneficios políticos gracias a ello, marchaban bajo la custodia de la policía local por las avenidas más lucientes de la ciudad (del monumento a la Independencia al Reloj), un puñado de disidentes hicieron lo propio desde otra vía, mucho menos apta para los reflectores y con la vigilancia de los efectivos policiacos y agentes de la Dirección General de Gobernación.


Los primeros, en su gran mayoría integrantes de la sección XV del SNTE, acudieron a la marcha en su totalidad luego de la decisión de su líderesa y máxima cacica, Elba Esther Gordillo, de mostrar el músculo de los magisteriales en cada plaza pública de México, tras las amenazas de los grupos disidentes, ex miembros del mítico Consejo Central de Lucha (CCL), de asestarle un golpe de Estado. Pero, con la anuencia del gobernador elbista Miguel Osorio, transitaron con sus gorras azul marino y bordados en color naranja, orgullosos, al ritmo de las bandas de guerra y música que cooptaron de las secundarias en su poder para darle ritmo al desfile.


Los charros lograron lo que nadie antes: el más número desfile laboral en los últimos años. Por lo menos, nunca en la historia reciente del sindicalismo en Hidalgo se había visto que toda una sección acaparara el 1 de mayo con un supercontingente de 3 horas de duración. O más.

“¡Porro! ¡Charro!”


La uniformada (y disciplinada) caminata charra, fue abruptamente interrumpida por integrantes del Movimiento Cívico Todos Somos Zimapán y del Barzón Popular que, tal cual fue su promesa, irrumpieron en el desfile oficialista para exigirle al Gobierno del estado, cese en sus intenciones de avalar la construcción del confinamiento tóxico en ese municipio serrano.


La gresca ocasionó, según reportes oficiales, tres heridos entre los que se encontraron Crescencio Morales, líder del Barzón Popular. Los uniformados elbistas se fueron contra él de manera especial y lograron herir de consecuencia a dos zimapenses más, tras el encontronazo que surgió al pie de la plaza Juárez, a la altura del Gobierno del estado hasta el Reloj Monumental, lugar donde la corretiza charra hacia los irruptores, cedió.


Pero las agresiones de los sentistas hacia los distintos, los que no son, tal cual, aviadores, comisionados y demás parásitos alineados (“Yo no vengo por la lista, sino por convicción”, bromeaban irónicos un par de profesores de San Felipe Orizatlán), continuaron. Justo a la mitad de la calle Guerrero, en Salazar, los charros se encontraron con un pequeño grupo de Brigadistas en Defensa del Petróleo. Al tiempo, los integrantes de la Resistencia Civil Obradorista repartieron sus volantes en medio de los insultos y gritos de los sindicalistas. Estos, identificados como integrantes de la secretaría de Organización al mando moral de la hoy diputada local por el PANAL, Lola Monroy, robaron las papeletas, empujaron a las mujeres y buscaron amedrentar a los hombres.


Las más valientes brigadistas, persiguieron a los ladrones entre las rechiflas acobardadas de los charros. “¡Ladrón! ¡Ratero! ¡Porro!”, fueron algunas de las respuestas que esgrimieron las obradoristas contra los del SNTE, quienes escudados en su obesa multitud, avanzaron con su delito blandeando entre su risa nerviosa. En tanto, las Brigadas se integraron a la manifestación que ocurrió en la plaza Constitución, olvidando el mal trago y devolviendo la burla jurando que tras el triunfo de la clase obrera organizada, sentistas, elbistas y demás caciques, podrían ver el 1 de mayo tras las rejas de su vergüenza.

Por Luis Alberto Rodríguez