sábado, 26 de febrero de 2011

POR LA FAMILIA REYES SALAZAR



¿Qué se puede decir?
¿qué se puede ofrendar?
¿cuántas lágrimas para dar?
¿qué consuelo otorgar?


Yo no tengo palabras, menos cuando trato de imaginar lo que es que una madre sea informada de que dos de sus hijos han sido encontrados muertos en una gasera.

Me sobra indignación, pero también impotencia. ¿Qué se puede decir que no se haya dicho antes?, ¿de qué manera se puede seguir haciendo llamados a la sociedad?, ¿en qué idioma?, ¿con qué términos?, ¿qué más convocatorias se necesitan?, ¿cuántos madrazos más a la sociedad?, ¿y de qué tipo?: ¿con golpes a gremios?, ¿con guarderías incendiadas?, ¿con ancianas indígenas violadas?, ¿con mineros enterrados?, ¿con fraudes electorales?, ¿con represiones a lo bruto?

¿Cómo hablamos en nombre de los que están siendo mancillados hasta la muerte para que ya no siga sucediendo?

¿De verdad se puede permitir tanto en nombre del poder?

¿?

Me cuesta trabajo asimilarlo, quizá porque ayer estuve con esta familia y amablemente y con toda la entereza me contaron su historia. Hoy sentí tremendamente frustrante y doloroso llegar al mismo lugar, ya no ver la carpa y pensar que la familia ya no estaba porque se había ido a que les entregaran a sus muertos...








La compañera Gatis Gatin nos acompañó y realizó un breve y muy sencillo performance...






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* El colofón: Las lágrimas no siempre son suficientes y de nada sirve decir que se ofrece el corazón si solo lo decimos de palabras, o de manera virtual a través de las redes sociales.

Es cierto: nadie dijo que sería fácil, ni sencillo, ni tan simple, pero ojalá de verdad todos hiciéramos el mejor esfuerzo. A veces desespera ver siempre los mismos rostros haciendo acto de presencia solidaria... ¿en dónde quedan los demás?, ¿en dónde quedan esos pregones y pregoneros de la unidad?, ¿en dónde? ¿?