lunes, 8 de septiembre de 2008

Reporte Índigo

Adentro las disputas entre los altos mandos exhiben a un presidente secuestrado

El presidente está secuestrado. Felipe Calderón es hoy el principal rehén de las ambiciones de poder de un hombre que busca convertirse en el dueño único de los sistemas de inteligencia y de la Policía Nacional.
Es Genaro García Luna, el secretario de Seguridad Pública que está maniobrando para convertirse en el súper secretario del
gabinete calderonista. Y el asunto es muy grave.
Tanto, que militares, procuradores, jefes policíacos nacionales y estatales comienzan a ver al controvertido jefe de seguridad como un peligro nacional.
Y empiezan a unir sus voces para denunciar ante el primer mandatario a quien en aras de una supuesta unidad de mando,
pisotea y humilla a sus altos mandos.
El estado de emergencia creado por su incompetencia para combatir el crimen organizado le permite eso y más.
Genaro García Luna se sabe apoyado incondicionalmente. Y dice que para dar resultados, tiene que pasar incluso por
encima de intereses que se oponen a su proyecto.
Fue él quien creó la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) en el sexenio foxista.
Con tan pobres resultados, que basta ver cómo el crimen organizado se mueve a sus anchas en todo el territorio nacional.
Esa incompetencia de cuatro años no es castigada, sino premiada con más presupuestos, más encomiendas, más concentración de la inteligencia nacional en sus manos.
Tal vez por eso las tensiones hacia dentro de la Secretaría de la Defensa van en aumento.
Porque a pesar de que hay quienes han denunciado ante Felipe Calderón la manipulación y las corruptelas del secretario de
Seguridad, no sólo lo sigue protegiendo, sino que cada día le da más poder.
Y es que Genaro García Luna está empecinado en que el presidente Calderón le acepte lo antes posible la creación
de la Policía Nacional. Sería su cereza en el pastel de las promesas de los 100 días.
Esa Policía Nacional sería un ente muy peligroso, sobre todo considerando que nadie puede garantizar la rectitud, la
honestidad ni la capacidad de alguien que pueda ser instalado al frente.
Porque una Policía Nacional como la que propone el ahora secretario de Seguridad sería, por sus dimensiones, alcances y
presupuestos, un nuevo poder, muy superior y con mayor información que ningún otro en México.
Un organismo que tendría la capacidad de disuasión –por chantaje, o incluso por el simple uso de la fuerza–, de someter
a las demás autoridades civiles electas democráticamente e intimidar a los otros poderes de la Unión.
Un poder de fuego, medido en el número de elementos que tendría, capaz de retar inclusive a las instituciones garantes
de la soberanía y la paz, como lo es el Ejército mexicano.
No es una falsa alarma. Los norteamericanos, tan expertos en cuestiones de seguridad, nunca aceptaron crear una Policía Nacional.
Por el contrario, fraccionaron la inteligencia en una veintena de agencias, burós y departamentos a fin de equilibrar y evitar
que la concentración de ese poder en un solo hombre lo convirtiera en un potencial corrupto, en un potencial corruptor, y con todas las facilidades para convertirse en un tirano.
Tal vez por eso nadie cree en las promesas de Genaro García Luna. Porque en su tiempo se las hizo a Vicente Fox, como
ahora se las hace a Felipe Calderón. Y ambos le creen al incompetente.
No importa que haya hecho montajes policíacos, como el que armó cuando se liberó de un secuestro a una francesa.
¿Alguien cree en la muy oportuna captura de 20 secuestradores en el Estado de México apenas un día después de la sacudidora
marcha nacional por la paz? ¿Se necesitaba de una marcha para que dieran con la guarida de los criminales? ¿Por qué no los agarraron antes?
Pero ningún montaje más sofisticado que el de secuestrar la voluntad de María Elena Morera, la presidenta de México
Unido Contra la Delincuencia.
La ha convertido en su aliada, en la que desde el lado de las protestas le organiza “marchas ciudadanas”, pero sin reclamar
por su nombre a la autoridad incompetente. Nadie pediría la cabeza de García Luna.
Una sofisticada operación de cooptación que incluyó contratar al hijo de Morera como funcionario al servicio de la Secretaría
de Seguridad. Con sueldos y jugosos apoyos económicos para la causa.
Por eso la tensión entre los distintos grupos responsables de la seguridad y el orden en el territorio nacional va en aumento. Como al alza van los mensajes cifrados, directos o a través de medios de comunicación. Analicemos.
Una muy oportuna captura, a unas horas de la marcha de protesta. ¿Por qué no los agarraron antes?
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