viernes, 24 de abril de 2009


Por Félix Arredondo

El espectáculo terminó antes de lo planeado. El PAN accedió a posponer el debate de las cuentas de Fox apegándose a los términos que le impuso el PRI. ¿A qué le teme el partido del gobierno?

El viernes pasado, Ramón Alberto Garza dijo que no creía en el rechazo a las cuentas públicas de Vicente Fox. Que veía el acontecimiento como un "instrumento de negociación entre el PRI y el PRD con el PAN-Gobierno, con rumbo a las elecciones de julio".
Cuatro días después, el martes de esta semana, los hechos confirmaron su diagnóstico-pronóstico.

Y es que cuando se suponía que la Cámara de Diputados volvería a reprobar las cuentas públicas del ex mandatario -esta vez las correspondientes a 2004 y 2005-, los coordinadores de las fracciones parlamentarias del PAN, PRI y PRD acordaron posponer el debate.

El priista César Duarte, presidente de la Cámara de Diputados, fue quien hizo el anuncio oficial. De pronto, así como así, se retrasaba una vez más lo que debió haber sido resuelto desde noviembre de 2007.

El tema de las cuentas públicas, tal como lo había dicho Ramón Alberto, sirvió para obligar al PAN-Gobierno a frenar la estrategia electoral panista que pretendía asociar a los priistas con el narcotráfico.

Todo indica que los tricolores tuvieron suficientes garantías de que el gobierno de Felipe Calderón y el propio PAN se abstendrían de desatar o provocar un escándalo mediático para poner al descubierto los presuntos vínculos de un gobernador priista, por ejemplo, con el crimen organizado.
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