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viernes, 3 de octubre de 2008

La memoria no lo olvida (color)

Memorial de Tlatelolco

La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad
para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.

¿Y a esa luz, breve y lívida, quién? ¿Quién es el que mata?
¿Quiénes los que agonizan, los que mueren?
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?

¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida; los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un minuto de silencio en el banquete.
(Pues prosiguió el banquete.)

No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.

No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.

Más que aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele, luego es verdad. Sangre con sangre
y si la llamo mía traiciono a todos.

Recuerdo, recordamos.
Ésta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
Hasta que la justicia se siente entre nosotros.

Rosario Castellanos











La memoria no lo olvida

La memoria no lo olvida.

La memoria no podrá ocultar lo que sucedió aquel 2 de octubre en Tlatelolco, será inevitable. Todos, incluyendo los que nunca estuvimos ahí y también a los que no habíamos nacido en ese momento, sabemos lo que ocurrio y continuamos presentes en esta lucha, en estos momentos, en estos episodios de volver a vivir y forjar el destino de nuestra nación.

Ese día salieron, juntos, todos juntos ellos, los fantasmas de la libertad,caminarón para manifestar una vez más su inconformidad contra los gobiernos represores, salieron buscando esa conquista, por la cual lucharon nuestros antecesores, nuestros padres, nuestros abuelos, nuestros tíos y nuestros ancestros. Esa sangre indígena broto por las venas, salpico, cimbro y se derramo alrededor de la plaza de las tres culturas. Es ahí, en ese lugar, donde todas las generaciones de edificios se reúnen y nos muestran la importancia de no olvidarnos de los acontecimientos. La historia se repite. Hoy a 40 años de la matanza de Tlatelolco, a decenas de años de la conquista española, continuamos peleando contra el opresor, en busca, como hace un montón de años, de una libertad plena.