viernes, 20 de febrero de 2009

Reflexiones para el enésimo debut

Mario Arce Montoya

"Nunca estamos conformes del quehacer de los demás
y vivimos a solas sin pensar en los demás,
como lobos hambrientos, acechando a los demás,
convencidos que son nuestro alimento, los demás

Y olvidamos que somos, los demás de los demás;
que tenemos el lomo como todos los demás,
que llevamos a cuestas, unos menos y otros más,
vanidad y modestia como todos los demás...”

Alberto Cortez


Por diversas razones, la organización de los ciudadanos en los distintos Estados de la República ha sido un proceso lento. A ello contribuye -sin lugar a dudas- la carencia de medios de comunicación independientes, que logren difundir masivamente toda la información veraz, de manera objetiva y oportuna, de tal forma que se garantice el derecho a la información y se asegure la libre expresión de todos los mexicanos.

Por el contrario, la mediatización y manipulación a la que ha estado sometida la población durante muchos años, permitió que valores fundamentales como la honestidad, la congruencia, la fraternidad y la solidaridad hayan sido socavados por un discurso y una práctica que promueven el individualismo como la actitud más conveniente frente a la vida; que buscan el beneficio particular empleando todos los medios posibles, legales o ilegales; que justifican la carencia de escrúpulos, la mentira, el engaño, el abuso y los actos de corrupción, argumentando que ellos son muestra de “cualidades” e “inteligencia” en quien los aplica para obtener “éxito” en la vida.

Dichos como: “el que no tranza no avanza”, “a mi no me den, sólo pónganme donde hay” y muchos otros, forman parte del bagaje de esta cultura de corrupción que ha invadido a todos los niveles sociales, debilitando el sentido de colectividad y la propia vida en comunidad. Esta cultura de corrupción es también la que, ante las situaciones difíciles, nos recomienda: “sálvate tu y olvídate de los demás” y “que cada quien se rasque con sus propias uñas”.

A pesar de eso, existen en México muchas personas y también comunidades herederas de nuestros pueblos originarios, que conservan una tradición de vida en colectividad, con valores y principios, que hoy día continúan resistiendo y que con ello nos demuestran que no todo esta perdido. Mejor aún: que ya no basta con mantenerse como simples observadores, a la defensiva y que ahora debemos asumir una actitud activa, con nuestra participación directa y sin intermediarios. La Nación se lo merece y aún estamos a tiempo.

El movimiento ciudadano que se expresó a partir del último fraude electoral por la Presidencia de la República, con cientos de miles de mexicanos libres y concientes, que ya no están dispuestos a que les sea escamoteada la esperanza de una vida mejor; es muestra de esta decisión para realizar aquello que sea necesario para reorientar el rumbo de la República. En su mayor parte, este movimiento lo integran muchos compañeros que tal vez es la primera vez que participan activamente, como protagonistas en asuntos politicos y no sólo como testigos. Estamos comprendiendo que estos asuntos públicos tienen una trascendencia tal, que no es posible dejarlos en la decisión de algunos cuantos, quienes además han demostrado que no actúan conforme al interés general del pueblo.

Este movimiento, diverso en su composición, con múltiples visiones y expectativas, está en un franco proceso creativo, fomentando el estudio y el análisis de la realidad, pero también realizando acciones que además de resolver problemas específicos para un grupo social o una comunidad; también busca la mejor forma de integrar una organización que sea capaz de enfrentar a la oligarquía, que mantiene secuestradas a las instituciones nacionales y que no está dispuesta a entregar el poder a sus legítimos dueños: los desorganizados ciudadanos… Pero no por mucho tiempo más.

Este proceso no está exento de riesgos; no sólo de aquellos que serán consecuencia de las acciones que la derecha emprenda para impedir que este movimiento fructifique; sino también por las propias deficiencias de quienes integramos este movimiento.

La pluralidad en el pensamiento, la diversidad en la situación social, económica, educativa y emocional de quienes formamos parte de este movimiento, constituye una riqueza enorme que debe ser aprovechada en la reconstrucción de la Nación y en la propia construcción del movimiento.

Esto requiere que todos y cada uno de nosotros medite y se replantee a cada momento, la estrategia y las prioridades del movimiento. Es necesario que todo se analice con sumo cuidado y se discuta; que escuchemos a todos, aunque tengan mucha, escasa o nula experiencia política y que valoremos sus dichos, sin menospreciarlos sólo por prejuicio.

Es indispensable también que, por sentido común y por el bien del movimiento, asumamos una actitud disciplinada al colectivo, necesaria para su actuación y que nos evitará caer ante la provocación, si ésta llegara a ocurrir. Será muy bueno que seamos más ecuánimes y que esta resistencia la sigamos viviendo con alegría, alejados en lo posible de la angustia.

En este proceso, es indispensable también evitar minimizar o desconocer lo fundamental que es la manera en que nos relacionamos unos con otros. Debemos fomentar una relación fraterna y renovar la confianza en nosotros y en los demás; necesitamos resolver cualquier antigüo o nuevo conflicto, aclarar desencuentros y malos entendidos; requerimos darnos cuenta que formamos sólo una parte de esta colectividad y que nosotros somos “los demás de los demás”.

Con mucho ánimo, saludo este renovado esfuerzo del movimiento para continuar su organización en todo el país; y para establecer o restablecer los vínculos de comunicación entre quienes integramos este movimiento; es decir, para seguir sumándonos.

Enhorabuena por la integración de los Comités Municipales del Gobierno Legítimo de México en Baja California Sur.

La Paz, B.C.S., 20 de Febrero de 2009