lunes, 30 de marzo de 2009

Proceso Semanal: Echeverria Perro Fiel de Nixon.

"Litempo 8", nombre clave de Echeverria para servir a la CIA, quien le pagaba sus gastos cuando era de Gobernación, tomo fama cuando e dijo "comunista" sin embargo las grabaciones de Nixon revelan que Echeverria hizo esto para quitarle la bandera progresista a Cuba, de quien siempre se dijo amigo; con Allende fue igual, logrando engañarlo para aparentar ser amigo del movimiento chileno, mientras mantenía agentes en la embajada que trabajaban contra el presidente mártir. Echeverria logro un buen papel engañando a algunos bobos de la derecha mexicana que se resisten siquiera a considerar que el era un agente de la Cia, y alegan que era "comunista". Pobres ignorantes derechistas, también a ellos les vio la cara este drogadicto.

Las traiciones de Echeverría
JORGE CARRASCO ARAIZAGA

Contrario a su discurso, Luis Echeverría Álvarez fue uno de los principales guardianes de Estados Unidos en América Latina.
Si como secretario de Gobernación fue el mejor informante que en su momento tuvo la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) en México, como presidente se puso a disposición de su homólogo estadunidense Richard M. Nixon para contener la Revolución cubana, encabezada por Fidel Castro, y aislar la experiencia socialista del chileno Salvador Allende, de quien públicamente se declaraba admirador.
La CIA bautizó a su colaborador en México como Litempo 8. Fue la clave para identificar al enlace de mayor importancia que tenía en el país. No era para menos. Como secretario de Gobernación, Echeverría tenía el control de la policía secreta del régimen priista, la Dirección Federal de Seguridad (DFS), así como de la Dirección de Investigaciones Políticas y Sociales (DIPS).
Ya como presidente, Echeverría fue más explícito en sus servicios a Estados Unidos. En Washington acordó con Nixon actuar para detener “la amenaza comunista” de Castro y el socialismo de Allende. Escogió ese camino para convertirse en “la voz de América Latina”.
Ese propósito fue resultado del viaje que hizo Echeverría a Washington en junio de 1972. Visitó la Casa Blanca los días 15 y 16 y conversó durante varias horas con Nixon. Todo fue grabado de manera subrepticia por el Servicio Secreto (SS) como parte de una tradición inaugurada por el presidente Lyndon B. Johnson con el propósito de que cualquier diálogo presidencial quedara registrado.
Los micrófonos captaron cada una de las palabras de los dos presidentes que se reconocían a sí mismos como líderes mundiales. Cinco pequeños micrófonos fueron colocados en la silla de Nixon y dos más en una chimenea cercana. Más que suficientes para que quedara el testimonio en el que Echeverría se perfilaba como guardián de los Estados Unidos en América Latina. Los diálogos, apoyados en un traductor, revelan con claridad la comunión de intereses.
A lo largo de su inacabado segundo mandato, Nixon fue grabado por el SS. Tres mil 700 horas en total. De ellas, poco más de tres fueron con Echeverría o son referencias elogiosas a él en los intercambios de opiniones que el entonces jefe de la Casa Blanca tuvo con sus más cercanos colaboradores. Entre ellos, su asesor de Seguridad Nacional, Alexander Haig, quien posteriormente fue secretario de Estado de otro presidente republicano: Ronald Reagan, ya fallecido. Otro de los que supo de los elogios de Nixon a Echeverría fue el director de la CIA, Richard Helms, quien conocía de sobra los servicios prestados por el presidente mexicano.
Durante años, Nixon –fallecido en abril de 1994– se opuso a la revelación del contenido de esas grabaciones, pero a partir de 1999 el Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha difundido algunas de ellas. La encargada del Proyecto México de esa organización no gubernamental, Kate Dole, tiene registradas 169 referencias a México y a su presidente en aquella época.
Antes de ir a Estados Unidos, Echeverría realizó una gira por varios países de América Latina, incluido Chile, donde se encontró incluso con Allende. Después, viajó a Beijing y a Moscú, donde previamente había estado Richard M. Nixon.

Conversaciones reveladoras

Echeverría hizo ese viaje a Estados Unidos un año después del 10 de junio de 1971, cuando el grupo paramilitar Los Halcones, creado desde que él era secretario de Gobernación, arremetió contra una manifestación de estudiantes. En ese operativo fueron asesinados al menos 12 de ellos, según informó lustros después la desaparecida fiscalía para la guerra sucia que encabezó Ignacio Carrillo Prieto.
La más reveladora de las conversaciones de Echeverría con Nixon es la del 15 de junio de 1972, registrada entre las 10:31 de la mañana y las 12:10, tiempo de Washington. El encuentro de los dos mandatarios se efectuó poco antes de que el visitante pronunciara un discurso ante el Congreso estadunidense.
Dígale al presidente –le pidió Echeverría al traductor– que en el discurso que daré ante la sesión conjunta del Congreso en la próxima hora reiteraré mis principios del Tercer Mundo frente a los grandes poderes del mundo porque…
–… Por la doctrina Echeverría –interrumpió Nixon.
–…Sí, porque si yo no tomo esta bandera en América Latina (Fidel) Castro lo hará. Estoy muy consciente de esto.
Y prosiguió: En México sentimos –y sentí lo mismo cuando fui a Chile y puede ser sentido en América Central, y entre los jóvenes y algunos intelectuales– que Cuba es una base soviética en todo el sentido del término, tanto militar como ideológicamente. Y esto va a pasar bajo nuestras narices.
(…) Y creo, señor presidente, que es obvio que con el gran subsidio que recibe (de los soviéticos) y su profunda complicidad, intenta proyectar su influencia en grupos tanto en los Estados Unidos como en América Latina. Y si en México no adoptamos una actitud progresista hacia la estructura de libertad y de amistad con Estados Unidos, esa tendencia va a crecer. He sentido esto no sólo en América Latina sino en los Estados Unidos también.
Si a Nixon no le había quedado clara su aseveración acerca del activismo de la izquierda estadunidense, Echeverría le informó que los aparatos de seguridad mexicanos –la DFS y la DIPS, bajo su jurisdicción desde que llegó a la Secretaría de Gobernación en 1964– habían reunido reportes de inteligencia sobre los planes de varios grupos de Estados Unidos para protestar contra el gobierno mexicano en las ciudades estadunidenses por las que él viajaría. Se refirió en particular a la feminista y comunista Angela Davis, de la Universidad de Berkeley, California.
Cuando iba a salir de México para este viaje, señor presidente, fui informado que grupos de mexicanos han estado en contacto con amigos de Angela Davis en este país. Y fuimos prevenidos de los planes de la organización que ella encabeza para montar una manifestación en San Antonio para protestar por la existencia de prisioneros políticos en México. Todo esto está conectado con gente de Chile, gente de Cuba, con los llamados grupos chicanos en los Estados Unidos, con ciertos grupos en Berkeley, California. Todos ellos están trabajando de forma muy cercana.
Sobre “la amenaza comunista en México y el resto de América Latina”, añadió: Este problema en América Latina se refleja al interior de la sociedad estadunidense, en particular en la sociedad mexicano-estadunidense, puertorriqueños y otros grupos de minorías raciales…

El espaldarazo

Nixon le comentó a su interlocutor que estaba de acuerdo en su consideración sobre la importancia crucial de la inversión en la zona, pero le dejó en claro que antes de comprometerse en América Latina, los negocios estadunidenses necesitaban sentirse confiados de que los países de la región protegerían la empresa privada. En concreto, le pidió “estabilidad sin el temor de una violenta confiscación o expropiación”.
Le propuso llevar ese mensaje por la región, además de advertirle respecto de los peligros de seguir el camino socialista de Chile. Le dijo incluso que podría convertirse en el dirigente más importante de la zona:
Creo que una cosa que podría ser de mucha ayuda para el presidente es que en sus declaraciones en Latinoamérica ponga énfasis en el hecho de que hay una responsabilidad para dar estabilidad desde el gobierno, y dar algunas garantías para la protección del derecho de la empresa privada, como ocurre en su país.
Esta es una materia muy delicada. Nadie en Estados Unidos puede decir esto porque parece que estamos interfiriendo en Latinoamérica e intentando decirles la clase de gobierno que deberían tener… Debe haber responsabilidad en los gobiernos de América Latina para dar estabilidad para esa clase de inversión.
Así mismo, Nixon mencionó el caso de Chile y el viaje de Echeverría a ese país: El presidente (Echeverría) ha estado en Santiago. No conozco al presidente Allende y no lo juzgo. No sé cuáles pueden ser sus planes para Chile. Pero como el presidente bien sabe, en este momento todos los capitales extranjeros están saliendo de Chile…
Si el experimento de Chile se repite de distinto grado en otros países de América Latina, no habrá oportunidad para que las grandes corporaciones pongan allí su dinero. Debido a que hay otras partes del mundo, como Indonesia y Tailandia, en Asia, e incluso algunos de África, donde hay una mejor oportunidad para sus inversiones. Lo que le digo al presidente no es para su país. (Al contrario) si más países en América Latina siguieran el ejemplo de México, creo que usted vería una tremenda explosión de inversiones desde Estados Unidos, Europa y Japón… Pero puede usted contar que urgiré a la comunidad empresarial a invertir en la región.
Sobre la amenaza comunista subrayada por el visitante, Nixon consideró como vitalmente importante para Estados Unidos no permitir que la tragedia cubana infecte al resto del Caribe y eventualmente al resto de América Latina. Y francamente, creo que sería muy en detrimento de todos nosotros tener el experimento chileno extendido en el resto del continente. Sería muy insano.
Y Nixon siguió con su alocución. Le dijo a Echeverría que con el respeto hacia la tradicional actitud de independencia será muy útil que México tuviera mayor liderazgo en la OEA en materias como éstas.
No pienso ahora que México debería tomar este papel como cualquier agente de Estados Unidos. Pero creo que México está en una posición ideal para hacerlo. De otra manera, el liderazgo podría ser tomado por otros líderes del continente que no hablan de forma tan efectiva como el presidente de México.
Echeverría lo interrumpió y le dijo al traductor: Dígale que estoy de acuerdo con su análisis. Nixon redondeó su intención: En otras palabras, dejemos que la voz de Echeverría en lugar de la de Castro sea la voz de América Latina.
Los planes de los dos presidentes se empezaron a venir abajo a las pocas horas de ese encuentro. El 17 de junio de 1972, el día después de que Echeverría y Nixon tuvieron su segundo encuentro, cinco ladrones fueron detenidos en las oficinas centrales del Comité Nacional Demócrata en el complejo conocido como Watergate, en el centro de Washington.
Las grabaciones que se le hicieron a Nixon probaron su participación en el espionaje a sus rivales demócratas. Después de dos años de investigaciones, el 9 de agosto de 1974 renunció a la presidencia de Estados Unidos. Con él se fueron las aspiraciones de Echeverría de ser la voz de América Latina